Según la teoría de la tectónica de placas, la corteza terrestre está compuesta al menos por una docena de placas rígidas que se mueven muy despacio y de forma libre. Estos bloques descansan sobre una capa de roca caliente y flexible, llamada astenosfera.
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La hipótesis más aceptada para explicar el movimiento de los continentes sugiere que las corrientes de convección de la astenosfera arrastran a la placas litosféricas como una cinta transportadora.
A comienzos del Mesozoico, todos los continentes se encontraban unidos. La separación progresiva de los continentes fue acompañada de la creación de litosfera oceánica. Si la litosfera, entonces, ya cubría toda la superficie terrestre, no había cabida para más litosfera.
El movimiento de las placas, de acuerdo con la teoría de la Tectónica de placas, tiene efectos importantes en la modificación del relieve de la superficie terrestre. Una de las consecuencias más notables es la creación de grandes cadenas montañosas paralelas a las zonas de subducción.
Cuando la placa que subduce está formada por litosfera oceánica y litosfera continental, si el proceso de subducción continúa, llega un momento en que desaparece completamente la litosfera oceánica, y los bordes continentales colisionan. Se forman así las cordilleras de colisión.
Las fuerzas compresivas que originan las cordilleras dan lugar a estructuras de deformación que son pliegues y fallas inversas.
Las fuerzas compresivas que originan las cordilleras dan lugar a estructuras de deformación que son pliegues y fallas inversas.
Si las estructuras compresivas son características de los límites de placa convergentes, las estructuras distensivas lo son de los límites de placa divergentes, es decir, de las dorsales.
En las zonas de distensión, las fallas normales dan lugar a la formación de relieves llamados relieves tectónicos, formados por fosas y pilares tectónicos.

